martes, 22 de junio de 2010
Q.E.P.D. MAESTRASOS...!!! Q.E.P.D.
Por si no hubiera sido suficiente con la oleada de tragedias que circundaron al mundo recientemente, un nuevo golpe se asesta para quienes gustamos de la lectura. En un fin de semana el mundo perdió a dos de sus mentes más lúcidas, críticas y brillantes.
Primero el escritor José Saramago, portugués de nacimiento, español por necesidad, ciudadano del mundo por sus escritos. Desde sus inicios, la escritura de Saramago dio cuenta de su postura crítica contra la injusticia reinante en su país de origen y de su elegante y fiera crítica al clero eclesiástico. Ha sido uno de los pocos escritores de fama y reconocimientos mundiales (nada más ganó el Nobel de literatura) que se atrevió a criticar el imaginario católico, su mitología y las prácticas deshonestas de el alto clero.
Era un escritor libre que no estaba al servicio de gobierno o creencia teológica alguna. Simplemente escribía lo que quería, con un afán crítico, con una literatura de altísima calidad que obligaba al lector a pensar, a formar su propio criterio, actividades que hoy en día parecen estar cada vez más minimizadas por el embrutecimiento mediático. Saramago pudo escribir un libro como El Evangelio Según Jesucristo, en el que un Jesús humanizado pierde su virginidad con María Magdalena (como ya lo había sugerido el también censurado Nikos Kazantzakis, autor de The Last Temptation of Christ) o uno como Caín, en la que presenta a un Dios injusto, vengativo y envidioso, porque Saramago vivía en libertad. Esa libertad lo dejaba declarar cosas como “La Biblia es un manual de malas costumbres” o “Hay quien me niega el derecho de hablar de Dios. Quiero hablar de Dios porque es un problema que afecta a toda la humanidad”.
En un mundo cada vez más derechizado (sobre todo en este destruido país), la ausencia de Saramago desnivela la balanza entre el dogma y la libertad.
Y el sábado el entrañable cronista de la Ciudad de México (a la altura sólo de Salvador Novo) cerró sus ojos ávidos, clausuró su memoria enciclopédica e hizo a un lado sus escritos de una redacción irónica, sarcástica, puntual, aguafiestas de los poderosos.
Se le criticó a Monsiváis que no haya apoyado al movimiento estudiantil del 68 y que renegara del rock, o porque aparecía en videos o conciertos de Luis Miguel, Gloria Trevi o Juan Gabriel. Pero el rock no le correspondía, él no era de la generación de “la onda” (aunque recuerdo vivamente el prólogo que hizo a la exposición de la revista Banda Rockera, que se llevó a cabo en el Palacio de Lecumberri en los 80), a Monsiváis le apasionaban más los sucesos del gran público, de la masa, del pueblo, el pópulo, los lumpen proletarios. Con su muerte nos deja ausencia de un personaje insustituible imbuido como nadie de la cultura popular mexicana.
También fue fiero crítico de la plana mayor de la política mexicana por medio de su magnífica columna Por Mi Madre Bohemios, publicada en diversos medios. Su congruencia, su talento político, si desbordante interés por todo lo que le rodeaba y su papel como aliado crítico de diversos movimientos sociales como el feminista lo hicieron uno de los escritores consentidos de los mexicanos.
Monsiváis era encarnizado amante de los animales, no por nada vivió con 12 gatos y siempre estuvo en contra de la crianza de animales para torturarlos como en las corridas de toros
En un momento tan horrendo de la vida mexicana, el hecho de que las palabras necesarias de Carlos Monsiváis no nos sigan acompañando, alentando en el camino y sobre todo que nos hacían sentir que teníamos un aliado que atacaba frontalmente a nuestros enemigos históricos, es una pérdida lamentable. Elena Poniatowska lo expresó muy bien:
“¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi? Tú eres el enfrentamiento más lúcido al autoritarismo presidencial, el enfrentamiento más lúcido a las actitudes absurdas cuando no corruptas de las dos cámaras, el enfrentamiento más lúcido a los abusos del poder, la denuncia más ingeniosa y persuasiva de las actitudes y del lenguaje de los políticos”.
No es gratuito que su funeral se haya dado en Bellas Artes colmado de intelectuales, políticos, artistas y sobre todo el pueblo mexicano por quienes vivía y para quienes escribía.
Es así como la inteligencia mundial está de luto, la cual en estos apocalípticos momentos, hace más falta que nunca. Así que el mejor homenaje será leerlos y continuar divulgando su obra.
Asi que no nos queda mas que recordarlos y seguir descubriendo con melancolia todo lo que hicieron en vida.
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